Pequeño, arrugado e inútil es el guisante que piensa en una enorme bola de mierda cuando escucha hablar a los demás acerca de la vida, las palabras que no existen. Pequeño es y pequeño se ha de quedar, pues ninguna idea de cambio o mejora existe en su triste cerebro.
Y de la tierra saldrá una planta débil, tosca… a la que nadie querrá coger sus frutos ni mirar sus flores cuando crezcan, negras, marchitas… como las que había en la imaginación de aquel pequeño, arrugado, e inútil guisante que creía haber madurado con más facilidad, rapidez y eficacia que el resto de los de su vaina.
Más vale ser guisante verde que lunar azul.
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